Brown recula

Plantactiva

Poco después de convertirse en primer ministro británico, Gordon Brown ya señaló su deseo de revocar la decisión adoptada en el 2001 por el entonces ministro laborista del Interior, David Blunkett, de clasificar el cannabis como droga del grupo C. Al final, se salió con la suya: el cannabis ha sido reclasificado en el Reino Unido, pasando a ser considerada de nuevo una droga de clase B (junto con las anfetaminas y el speed). En síntesis: los consumidores pueden ser detenidos y encarcelados.

Acaba así de un plumazo con los avances conseguidos por el ministro Blunkett (forzados en gran medida por presiones de la propia policía -tras el proyecto de Brixton-, que estaba harta de perder el tiempo y deteriorar sus relaciones con los jóvenes de los barrios más conflictivos simplemente porque estaban fumando unos porros). El número de arrestos anuales por posesión y consumo superaba los 80.000.

La decisión de Brown se enfrenta a las críticas de fundaciones, expertos, asociaciones y miembros de su propio gabinete. Pero el cerril escocés hace bueno el proverbio hindú ‘¿Qué ve el ciego, aunque se le ponga una lámpara en la mano?’.

Y el asunto viene a refrendar, por cierto, una teoría que sostengo hace años: cuando los gobernantes de derechas ven próximo el fin de su mandato, se tornan más duros; cuando los gobernantes de izquierdas llegan a su cenit … se tornan más duros también. Les aseguro que no acabo de entenderlo, pero es matemático: el sentimiento de próxima derrota hace aflorar en la gente de izquierdas el ramalazo conservador. Abandonados por el electorado afín, nos afanamos en buscar en caladeros que no nos son propios.

Jamás nos ha ido bien.