El experimento Rosenhan

Plantactiva

En 1972 David Rosenhan condujo un experimento científico que versaba sobre la validez del diagnóstico psiquiátrico en los hospitales. El “Experimento Rosenhan” constaba de dos partes: la primera parte implicaba el uso de personas totalmente sanas, que iban a simular alucinaciones auditivas, por un breve lapso de tiempo, en una tentativa de ganar su admisión en doce diferentes hospitales psiquiátricos de los Estados Unidos. La segunda parte implicaba que el personal de esos hospitales psiquiátricos tenía que detectar a esos pacientes falsos. Estos “pseudopacientes”, especialmente seleccionados para formar un heterogéneo grupo de gente totalmente sana, constaban de un recién graduado en psicología de veintitantos años, tres psicólogos (entre ellos el propio Rosenhan), un psiquiatra, un pediatra, un pintor y una ama de casa. Ninguno de ellos tenía ningun tipo de enfermedad mental en su historial médico y, aparte de falsear su nombre y profesión, el resto de detalles biográficos que dieron eran totalmente ciertos.

Los ocho fueron admitidos, siete con el diagnóstico de esquizofrenia y el último con desorden bipolar. Una vez internados, se empezaron a comportar racionalmente, contestaron a todas las preguntas con lucidez, negaron todo síntoma y trataron de convencer a las autoridades de que estaban sanos.
Ni uno solo de los falsos pacientes de Rosenhan llegó a ser descubierto –aunque estuvieron ingresados durante períodos que iban de los 7 a los 52 días–, fueron diagnosticados y tratados como psicóticos de por vida, y fuertemente medicados con poderosos tranquilizantes. Se formularon elaboradas teorías psiquiátricas para explicar su conducta normal como si fuera sintomática de psicosis e incluso se llegó al extremo de identificar el hecho de que estos pseudopacientes tomaran notas (recordemos que la mayoría eran profesionales implicados en un estudio científico) como un “desorden de escritura compulsiva” que consideraron “patológico”.
Irónicamente, muchos de los verdaderos pacientes en estas instituciones (los verdaderos locos) identificaron correctamente a éstos como impostores que estaban sanos e incluso los tomaron por periodistas buscando una historia. Claramente, en estos casos, los pacientes certificados como enfermos mentales resultaron objetivamente más adecuados para hacer diagnósticos correctos sobre el estado psicológico de las personas que los mismísimos psicoterapeutas teóricamente “cuerdos”.
Las conclusiones finales a las que llegó el Dr. Rosenhan, y que publicó en el revista Science bajo el ilustrativo título de On Being Sane In Insane Places, son las siguientes: “Si la cordura y la locura existen ¿cómo las diferenciamos?” y “Si los psicoterapeutas no pueden hacer ni esto ¿de qué sirven?”

Fragmento de un artículo de Uri Amat encontrado en el feed de La Escuela Moderna (pero desaparecido del blog)