Gallardón nos cierra la AMEC

Plantactiva

Uno ya veía que la respuesta de las administraciones local y autonómica ante la desgraciada muerte de un niño bien (pariente de Alfonso Ussía), en un local de titularidad municipal (donde, por cierto, la agrupación pepera de Moncloa celebraba las victorias del partido), se estaba desaforando: nunca antes se había respondido con tanto empeño y diligencia ante un hecho luctuoso ocurrido en la noche madrileña.

En ese local, días antes, sufrió una gravísima agresión el hijo de un periodista de El País. Desde los 80, esta ciudad canalla se ha cobrado las vidas de decenas de jóvenes, sin que tales hechos supusieran respuesta alguna por parte del Ayuntamiento. Ha hecho falta que el finado tuviera apellido sonoro, para que los garantes de nuestra seguridad se pusieran las pilas.

Algunos dirán que ya tocaba; yo digo que tocó hace años, y que lo de ahora es puro oportunismo.

Ahora, la aplicación estricta de la normativa municipal (sí, esa que los locales de moda de Madrid incumplen reiteradamente), ha provocado que en el local de la AMEC (Asociación Madrileña de Estudios sobre el Cannabis) se recibiera el pasado miércoles una orden de cese de actividades y cierre del local. ¿El delito? Servir té, Mecca-Cola y cerveza, sin licencia de bar.

La AMEC lleva desde el año 95 cumpliendo la tarea de procurar un espacio de libertad, cultura y debate, en el barrio de Lavapiés. Impulsores de talleres, charlas y conciertos, creadores de la Copa de Catadores decana –12 ediciones ya a sus espaldas-, y organizadores de la MMM en Madrid desde hace años, las buenas gentes de la asociación madrileña han mantenido el local como vértice del activismo madrileño, cuando no del nacional (no en vano, son la sede social de la FAC, y aquí se gesto su fundación). En ningún otro lugar de esta cada vez más rancia ciudad se respira un ambiente igual de libertad, respeto y buen rollo.

Está claro que el alcalde megalomaníaco ha aprovechado que el Pisuerga pasa por Valladolid, para tratar de acabar con los espacios auto-gestionados y, de paso, lavarle la cara a un barrio que nunca le gustó. Pero no se preocupen, que los cannabicos somos como las setas: si nos pisan, lejos de desaparecer, nos diseminamos.

Dudas razonables: Tras este sorpresivo paso de la desidia a las prisas ¿Cerrarán también la pijísima discoteca Archy -sí, esa que iban a precintar ‘en los próximos días’-, con 144 denuncias a sus espaldas? Ya se lo digo yo: ni de coña.