Iván Zulueta y las drogas: "Nunca nos van a dejar ser adultos"

Plantactiva

Iván y WillMore en el rodaje de ArrebatoA raíz de la muerte de Iván Zulueta, la máquina de fabricar tópicos se ha puesto a funcionar a pleno rendimiento. El malditismo, la heroína como culpable de sus treinta años de inactividad cinematográfica, unos misteriosos «problemas con las drogas»… explicaciones simples para cuestiones complejas y clichés sobados, tal y como le gusta a la prensa. En la extensa entrevista que le hizo Begoña del Teso en 2002 -con la presencia de Virgina López Montenegro, gran amiga del cineasta donostiarra- no encontramos nada de esto, ni tampoco la típica exención de la responsabilidad personal a la que recurren tantos adictos y ex-adictos («yo no sabía», «no fui yo, fue la heroína»…) sino una lucidez extrema, antiprohibicionismo radical y el particular sentido del humor del realizador de «Arrebato». Si Zulueta tuvo algún problema con las drogas, fue el de su prohibición, que le obligó a soportar a la odiada metadona hasta el fin de sus días.

V.L.M: Encuentro que con las drogas puedes ejercer a tope ese juego del doble.

I.Z: Es que tiene mucho que ver con las drogas. Son un elemento de activación pero como a mí últimamente no me dejan tomar nada, pues un coñazo…

I.Z: Siempre me ha gustado esa escena en All That Jazz en la que Scheider abre el botiquín y y tiene el bote de anfetaminas con su nombre escrito. ¡qué gusto!

(Como prueba de que nada es igual que en el cine, Iván saca de la cubitera un bote. También lleva su nombre en la etiqueta pero es sólo… metadona).

Roy Scheider en All That Jazz
B.T: En Arrebato la droga se contempla desde muchas miradas. José dice: «Hay polvos y polvos, pero de los polvos que no son Los polvos… estos polvos son… ¡los más polvos!» Y cuando Ana le contesta, «Pero no es ácido», responde, «Caballo, heroína, chica». Ana, una recién llegada, afirma «Ya sé que esto cuelga», y José repite las palabras de Pedro: «¡Cómo no! Qué tontería, es como todo; no conviene pasarse, si te pasas no vale. Muy hija puta, sí señor: Calma, Doma, Una mierda delicada»

A su vez, Pedro en su noche con José, sentencia (o así): «…Ya te habrán dicho que, normalmente, ni como ni bebo ni follo ni fumo ni duermo… No duermo, ¿sabes? Yo descanso despierto, o al menos eso digo cuando hablo. Sólo hago esas cosas cuando no hay más remedio y me meto unos polvos de esos. Me rebajan… No me relajan, me reba-jan… el ritmo… me ponen en «mi edad», me sacan del estado de hibernación, digamos… Resulto más presentable, aceptable… pero a mí no me gusta, me hacen crecer.»

I.Z: En el fondo, las drogas son los aliados de los que tanto se habla en la película. Pero con los aliados hay que saber jugar.

V.L.M: Como en la ruta de la seda, que cuando paraban supuestamente para descansar se sentaban a fumar una pipa de opio.

I.Z: Yo pondría un fumadero de opio en San Sebastián.

V.L.M: Como los de Thailandia, con sus cojines, sus cortinas, su té, sus pasteles, los sirvientes que te ofrecen la pipa…

I.Z: A mí es que me da tanta envidia cuando Robert de Niro entra en un fumadero en Erase una vez en América, la de Leone. Lo que está muy claro es que la dosis es el veneno, la prohibición, una monstruosidad y el enemigo, el gangsterismo, el tráfico y toda la manipulación.

Robert de Niro pasándoselo pipa
V.L.M: La manipulación es absoluta.

I.Z: Se está continuamente creando el problema del problema.

V.L.M: (risas) La complicación de la complicación. ¿Recordáis? Lo decía en Brazil, esa tipa maravillosa, Katherine Helmond. ¡Cómo era!, con aquel sombrero fastuoso en forma de zapato y aquella toilette…

I.Z: Pero aparte, estamos hablando de opiáceos. Es que un pinchazo es muy agresivo? Claro que la heroína siempre fue otra cosa y cuando llegó de América, ya había toda una tradición de muertos por sobredosis. Se avisaba de ello. De que no tenía nada que ver con el hash o con el ácido.

Se le vieron las orejas al lobo antes que, por ejemplo, a la coca. Todo está muy fechado. Que se venía del ácido y de una serie de cosas. Suena absurdo pero es verdad. Había hasta slogans. Ahora no recuerdo ninguno pero en fin, cosas como que los enemigos son los padres… Toda una herencia de conocimientos que había que enterrar. Que no había que hacer caso. Que era justo lo contrario. Entonces, el caballo sería lo contrario. Pero había una advertencia de que no, de que esta vez no. Nada más anti hippie que el caballo, que es completamente la antiutopía… Y estaba en las películas. Flotando como una amenaza en El restaurante de Alicia.

B.T: Has contado que Rafa Gálvez te dijo un día que nunca habría creído que te fueras a colgar del caballo porque es incompatible con ver cine.

I.Z: Y es que es verdad. Drogarse e ir al cine no puede ser. Te duermes. El caballo te «acolcha». La hierba es otra cosa. Con la heroína no pierdes sensibilidad pero sí «despiertez». Y para ser un buen espectador hay que estar alerta. Ver una película te exige tiempo, una lectura, la memoria continuamente funcionando… Con el caballo pasas de estar aware.

V.L.M: Sí. Lo que pasa es que…

I.Z: El veneno está en la dosis. ¿Verdad que no hay cosa peor que dormirse en el cine? Peor incluso que ir con gente borracha y que luego te cuente lo que cree haber visto. La pesadilla máxima.

B.T: No te duermes del todo y te duermes dentro de la película.

I.Z: Como aficionado es un horror porque te pierdes un trozo y te haces una tortilla espantosa. No quieres reconocerlo. Si te lo dice alguien ni te cuento pero tampoco te lo reconoces a tí mismo. Estás luchando contra ello y no puedes, no puedes. Me pasó con Mulholland Drive. En fin, sería culpa de la metadona.

B.T: ¿Acolcha?

I.Z: Me imagino que porque no hay síndrome de la abstinencia. Pero es un parche. La única ventaja es que está auspiciada y vas a un sitio donde te la dan. Por cierto, ese relato que tiene Burroughs, Junkie, sobre un pueblo, en Kentucky, creo, a donde cada cierto tiempo iba la gente a recoger la metadona y nunca te encontrabas a nadie paseando. Y los que iban a cogerla no hablaban hasta que a las siete se repartía. Entonces, se animaba el cotarro y se contaban sus historietas. Pero nadie se quedaba allí. Un lugar monstruoso.


B.T: ¿La metadona es el precio a pagar?

I.Z: Pero es que no sé por qué hay que pagarlo. Es un parche. Funcionas. Te levantas. Vas un poco autómata. Vives un sin vivir en mí. Es como con el sexo, por ejemplo. No te lo mata del todo. Si surge, te apuntas, quizás, pero con la líbido medio muerta, medio aparcada. Y luego te quita la chispa.

V.L.M: (chispeante) La de la vida, o sea la de Coca Cola, que es a Pepsi lo que Velázquez a Goya o Marlene a Greta.

I.Z: La guerra entre Coca y Pepsi ¿Os acordáis del concierto de Michael Jackson en Madrid? Lo patrocinaba Pepsi y dentro del campo, del estadio, sólo había puestos de Coca Cola. En fin, que con la metadona sigues siendo dependiente y encima no tienes chispa. Es algo que no elegirías jamás. ¿Para qué colgarte de algo que no te da nada?

V.L.M: Escohotado piensa lo mismo. Me encantan esos mil silencios que guarda y cuando no puede más, salta porque realmente está oyendo mil memeces y luego ya no se calla.

B.T/V.L.M: Y luego saldrán los educadores diciendo que se empieza con el cannabis y…

I.Z: No me digas que todavía están con eso.

B.T: Pues claro?

I.Z: (malicioso pero no demasiado): Pues también tienen razón…

V.L.M/B.T: ¡¡¡Iván!!!

I.Z: Retiro lo dicho, lo retiro. Pero es el placer de lo prohibido. Y por otro lado, se ha instalado el contrasentido en esta historia. El considerar las drogas como un enemigo.

B.T: Cuando el hombre siempre ha buscado (y hallado) fórmulas para encontrar paraísos artificiales.

I.Z: Se mezclan tantas cosas. Las drogas han estado muy mezcladas y liadas.

V.L.M: En un tiempo los de la coca eran los buenos, hicieran lo que hicieran.

I.Z: La coca era más social. Euforizante. El caballo es individualista. El descanso del guerrero.

B.T: Más legendaria también: Jimi Hendrix, Janis Joplin.

V.L.M: Yo creo que es un anestésico del alma.

I.Z: Total; esa es la definición. Y tiene tanto que ver con el vampiro. Encierra peligro pero por eso es atractiva. No es una panacea pero si se viviese con normalidad? El problema es la ilegalización. Tal como está todo, no lo puedes resolver por tí mismo. Te ves obligado a un consumo que no vas a conseguir. Se te va un dinero que no tienes y eso también hay que conseguirlo. Pierdes todo lo que ya sabemos. Tienes o no tienes. No llegas a los sitios, no cumples… Es que no se puede prohibir.

V.L.M: Volviendo a los 60, prohibido prohibir. Porque si no, lo del equilibrio y lo demás sería up to you.

I.Z: Tendríamos que ser dueños de nuestra propia dosificación. Y para rematar, me jode que a los 50 y… 60 años que tengo (que ni me lo creo), me digan todavía lo que puedo y lo que no puedo. En nombre de lo que harán los adolescentes, ¿tenemos que estar toda lo población privándonos de lo que nos da la gana tomar? Es todo tan obvio? Y es mentira que nos quieran adultos, nunca nos van a dejar ser adultos.

B.T: Mira que tú, que te han llamado tantas veces Peter Pan, digas eso de ser adulto… Por cierto, ¿tomaría caballo Peter Pan?

(Suena el teléfono. Una voz al otro lado resuelve el misterio, por supuesto que sí. Y Campanilla sería la dealer).

Sec 10/ Ante el botiquín de Roy Scheider en All That Jazz/Interior
Muere Iván Zulueta. El final del arrebato
Colgado con Arrebato (Gotham)