La aceptación social de la narcocultura

Plantactiva

Pablo Escobar como benefactor de la comunidad«Los cárteles del narcotráfico brindan cobijo al desamparado, al paria urbano. Los individuos sin arraigo social, encuentran en la urdimbre del crimen organizado un suelo protector, un espacio, una pedagogía de aprendizaje. Al amparo de una estructura clánica horizontal, los sujetos «trabajan para el patrón» y pueden escalar posiciones de acuerdo a sus habilidades. Los oficios se presentan como «normales»: cosechar amapola o marihuana, vigilar los cultivos, trasladar la droga, comprar insumos o precursores, eliminar enemigos, etcétera. Los oficios son múltiples, y, también, reproducen el sistema de sexo/género. Las mujeres preparan los alimentos de los secuestrados, permanecen al tanto de sus afecciones, sirven de compañía, o de cebo para tenderle trampas al enemigo. Los oficios ilegales se asumen como una actividad cualquiera, gozan de aceptación social dentro del grupo. La percepción generalizada en lo que llamamos núcleos de exclusión – comprobado empíricamente en Baja California y Sinaloa – , es clara: el narcotráfico y la violencia son actividades rentables. Los beneficios saltan a la vista: una troca del año, casa nueva, artículos suntuarios, ascenso en la escala social: «Antes era Tomás, ahora me llaman Don Thomas».

Aunado a lo anterior, debemos agregar la incertidumbre que generan las instituciones: «El PRI nunca hizo nada, Fox tampoco, y ahora con López Obrador, tampoco se sabe. Sea uno o sea el otro, siempre tenemos que trabajar. Si el gobierno no da lo que promete, sólo quedan dos cosas, jefe, irse para el otro lado o hacerle al jale con los patrones». Entre otras cosas, los «cárteles ( dixit Osiel Cárdenas) organizan, incluso desde la cárcel, comidas por el día del niño, de la madre, y nunca faltan los regalos ni las despensas, para todo el pueblo». El único requisito para ser candidato a los beneficios descritos se resume en una sola palabra: lealtad. Aprender a «cerrar la boca» es parte del aprendizaje. Los seres humanos piensan en términos de identidad y semejanza, afirma Eco (1997). En este caso, la identidad del grupo pasa por el respeto a las normas no escritas del patrón, la semejanza, el convencimiento de ejercer entre iguales, un oficio: delinquir. En las zonas de exclusión social existe cierta tolerancia hacia el narcotráfico, toda vez que generan un proceso de permeación de la estructura socioeconómica y cultural.»

Violencia y narcotráfico. Reflexiones desde la Antropología