Nadie le escuchará

Plantactiva

Los discursos de clausura de los congresos son como la última canción de los bares, y su objetivo suele ser idéntico: facilitar el desalojo ordenado de la sala.

En ocasiones, es una verdadera lástima. Como ya ocurriera en el congreso de la FAD del 2006, al que asistí en Madrid, en este ‘Hablemos de drogas’ que se celebra en Barcelona estos días, le ha correspondido el dudoso honor de clausurar el acto al Dr. Diego García Gillén, Catedrático de Historia de la Medicina y profesor de Bioética de la Complutense de Madrid. Un tipo al que acudir cuando se debate sobre temas como el aborto o la eutanasia, y que nunca deja indiferente. Pocos como él con esa capacidad para mover a la reflexión con argumentos de peso.

Desconozco el contenido de la charla que dará mañana, pero les ruego tengan a bien leerse la que pronunciara entonces en Madrid, sobre la importancia de fomentar la responsabilidad, y la inutilidad de las políticas represivas y punitivas. Si el enfoque de su charla en Barcelona se aproxima a este, habrá merecido la pena la espera.

“(…) La idea de penalizar completamente estas conductas, haciendo de quienes consumen drogas delincuentes, o de patologizarlas, convirtiendo a los consumidores en enfermos mentales, tiene mucho de reacción de sobresalto. En nuestro caso, el sobresalto ha consistido en utilizar la fuerza, la fuerza física o la fuerza de la ley, como método para controlar este tipo de conductas. La reacción de sobrecogimiento sería la contraria, la de inhibirse y pensar que todo es lo mismo y que allá cada uno. Son dos posturas muy frecuentes; quizá, las más frecuentes.

Pues bien, mi tesis, la que yo quiero defender aquí y ahora, es que ninguna de ellas es correcta, y que por eso mismo ninguna va a solucionar el problema. La cuestión no está en prohibir, ni tampoco en permitir. Se trata de algo más difícil pero sin duda más humano: se trata de promover la madurez personal y el sentido de la responsabilidad. Lo he dicho mil veces: frente a prohibición o permisión, criminalización o trivialización, responsabilidad. Lo cual plantea el problema de qué es lo que queremos decir cuando hablamos de responsabilidad y qué significa responsabilidad ante las drogas.

“El problema de las drogas no es primariamente asunto médico o psiquiátrico sino producto de causas sociales y culturales y, sobre todo, de nuestro enorme déficit en la educación de las personas y la promoción de la responsabilidad. El abuso de drogas no es cuestión de degenerados sino de ineducados, es decir, de irresponsables. Y si éste es el diagnóstico, el tratamiento no puede ser otro que la educación de las personas en los valores y la responsabilidad. Hay drogas legales e ilegales. Nunca van a poder prohibirse todas. Es utópico pensar que la vía legal puede resolver de raíz el problema.”

Pero da igual, los presentes estarán pensando en qué línea de metro coger de vuelta, si les darán canapés a la salida o dónde firmar el certificado de asistencia, que les ha permitido tres días de asueto pagado. Nadie le escuchará.