Necesitamos un mártir

Plantactiva
Muerte de San Canut, de Christian Albercht

Los cannabicos, como otros colectivos represaliados en tiempos, tenemos ‘nuestro día’, que generalmente se celebra con manifestaciones a lo largo y ancho del planeta, el primer sábado de Mayo. El origen de la Global Marihuana March está ligada al activista norteamericano Dana Beal. Pero no se asocia a ningún hecho especialmente reseñable, a ningún acto represivo o resistencia histórica a recordar.

Como nosotros, por ejemplo, el colectivo homosexual celebra el Día del Orgullo Gay, y los trabajadores en general, el 1º de Mayo. Curiosamente, el origen de esas dos celebraciones sí corresponde a hechos luctuosos ocurridos en el pasado. Así, la Gay Parade recuerda los disturbios -con numerosos heridos y detenidos- del Bar Stonewall, en Nueva York el 28 de Junio de 1969, y que marcaron el inicio de la revolución LGBT. Por su parte, el Día de los Trabajadores recuerda a los ‘Mártires de Chicago’, un grupo de sindicalistas anarquistas asesinados por el gobierno de Estados Unidos tras su participación en la huelga de 1886, iniciada precisamente el 1 de mayo de ese año. Ambas celebraciones han congregado y congregan a millones de manifestantes por todo el mundo, en ocasiones de forma masiva.

Aquí en España, la pasada Global Marihuana March ha arrojado un resultado desolador: Madrid, a pesar del esfuerzo titánico y en solitario de la AMEC, solo consiguió convocar unas 3.000 almas, frente a las 11.000 del año anterior, y eso que finalmente no llovió. En Zaragoza, se entregó la solicitud fuera de plazo y no se pudo siquiera celebrar el acto. Y en Barcelona, donde se celebraba (pásmense) por primera vez en la historia, se rozó el ridículo: ¡20 asistentes! (por más que el tiempo no acompañara, no hay excusa posible: otras reivindicaciones aguantaron el aguacero).

No puede ser que cada año aumenten las multas, las incautaciones, la represión y las penas desmesuradas, y cada año la representación callejera sea más exigua. ¿Qué ocurre? ¿No estamos lo suficientemente motivados?

Y digo yo, ¿no será que nos hace falta un muerto en algarada, un herido grave o similar, para movilizarnos como lo hicieron otros colectivos en su día? Meditadlo; personalmente estoy dispuesto a asumir tan desagradable papel, si de ello depende que de una puñetera vez tomemos conciencia de la importancia de salir a la calle en esos días, y mostrar al mundo entero nuestro descontento y nuestra rabia. La misma rabia y descontento que mostramos en las reuniones privadas, en los foros, en los bares o en el parque, mientras degustamos tranquilamente los frutos de nuestra cosecha, llenándonos la boca de humo y buenos propósitos.