Quiero que Bermejo me hable así

Plantactiva

Ya os decía que nos ocuparíamos del caso Argentina, donde el Gobierno se ha lanzado a una reforma legal sin precedentes, despenalizando el consumo de marihuana. No por necesaria menos valiente, le ha valido las críticas no solo de la oposición y de los prohibicionistas más rancios del país, sino incluso de miembros del propio ejecutivo.

A grandes rasgos, el proyecto del Gobierno consiste en ofrecer tratamiento a los adictos problemáticos (menos del 10% de los consumidores habituales), concienciar a los usuarios e informar a la población, y que las penas y la represión recaigan sobre los traficantes. Actualmente, la ley argentina considera delito incluso la tenencia para consumo propio.

Esta reforma del código penal se inició hace más de tres años, cuando el ministro del Interior lanzó su proyecto despenalizador, y se constituyó un Comité Científico Asesor que ayudara en las conclusiones. Finalmente, será el ministro de Justicia, el corajudo Aníbal Fernández, el encargado de dar forma legal al proyecto. En su intervención ante la ONU, en Viena, Fernández fue lapidario:

“Debemos dejar de ser hipócritas: los jóvenes también se enferman por el consumo de alcohol y las pastillas, a las que acceden libremente, y los criminalizamos por la tenencia de un cigarrillo de marihuana”

“Debemos terminar con un sistema que atrapa al consumidor y lo criminaliza sin darle tan siquiera el derecho a la salud”

“Digamos la verdad. El negocio del narcotráfico es igual a corrupción, es igual a recaudación y en ese aspecto no solo no se ha avanzado en el mundo, sino que las organizaciones criminales han crecido sin igual y no hemos estado a la altura de las circunstancias”

“el narcotráfico es el negocio más rentable después de la venta ilegal de armas. Mueve más dinero que el presupuesto que los estados destinan a las Naciones Unidas para su combate”.

Lejos parecen quedar los tiempos en los que la Corte de Carlos Menem proclamaba que la despenalización hacía peligrar “los valores morales, de la familia, de la sociedad, de la juventud, de la niñez, y en última instancia la subsistencia misma de la Nación y hasta de la humanidad toda”.

Hasta la presidenta, en recientes declaraciones, ha apoyado a su responsable de Justicia:

“No me gusta se condene al que tiene una adicción como si fuera un criminal. Los que tienen que ser condenados son los que venden la sustancia”

Y más allá de las declaraciones, casi en silencio, la Corte Suprema se ha puesto a trabajar.

Pues, oigan, yo quiero tener un ministro de justicia así …

Quiero que el ministro Bermejo piense en lo injusto de la criminalización de los consumidores.

Quiero que escuche a los expertos y a los usuarios.

Quiero que sea sincero.

Quiero que sea valiente.

Quiero sentirme orgulloso de él.

Quiero que Bermejo me hable así: