Rafael Argullol: Miedo y piedad

Plantactiva

Los miedos de comunicación«Las oleadas de males augurios y oráculos sombríos de las que se hace eco la poesía griega son recogidos en nuestros días, puntualmente, por los medios de comunicación, los cuales -como también hacía la antigua poesía- cuando ya han agotado los inevitables capítulos dedicados a las guerras y las hambrunas, orientan nuestros ojos y nuestros oídos hacia inesperadas catástrofes que prometen aniquilarnos y cuyos efectos psicológicos persisten más allá de sus manifestaciones reales. No deja de ser curioso que los principales pronunciamientos oraculares de nuestros días se presenten, revestidos de un inapelable lenguaje científico, en los espacios de información sanitaria, cada día más abundantes y cada día más inclinados hacia el reforzamiento de la intranquilidad de los pobres mortales.(…)
Hace poco, un profesor de historia de la medicina me comentó que tenía grandes dificultades para que sus estudiantes comprendieran el significado del término piedad. Al sospechar que quizá sus oyentes otorgaban a la palabra una connotación religiosa recurrió a una especie de traducción laica y se refirió a filantropía. Con el cambio algo ganó, pero no mucho, y el hombre estaba desesperado porque pensaba que sus estudiantes, precisamente por ser de medicina, tenían que ser los primeros en reconocer el sentido profundo de la piedad. Era chocante, desde luego, esta ignorancia en buena parte de los futuros médicos, los cuales, muy probablemente, llegado el momento, no se sentirían demasiado obligados a colgar de la pared de su despacho el Juramento Hipocrático, juzgado como definitivamente anacrónico en la época de la eficacia y la funcionalidad.

No es de descartar que esa misma dificultad relatada por el preocupado profesor de historia de la medicina se pueda extender a todos los ámbitos, a excepción, tal vez, de aquellos que, enfrentados a la pobreza y a la desigualdad, han convertido la compasión en una pasión. Fuera de estos casos, afortunadamente bien representados asimismo en nuestra época, no parece que la práctica de la piedad obtenga un sitial relevante en nuestras escalas de moralidad. El prestigio de que goza entre nosotros la posesión inmediata de las cosas y el acatamiento del utilitarismo en todos los órdenes deja pocos resquicios para una actividad poco rentable o cuya rentabilidad se mide a través de esta lentísima acumulación que caracteriza a los procesos espirituales.»

Miedo y piedad · ELPAÍS.com

Ilustración: micockringnomedejapensar: Miedos de comunicación